La primera bocanada no es algo que siente demasiado bien, sobre todo cuando viene acompañada de un pequeño diluvio universal que unido a una temperatura de unos 30 grados hace que el sudor no se despegue de la piel.
Aunque tenía la suerte de venir avisada de muchas cosas curiosas de este país, por gente que lo conoce bien, no he dejado de sorprenderme.
Todo es nuevo, todo es distinto a lo que estaba acostumbrada, cada cosa tiene su encanto.

Desde el tráfico, que merece todo un capítulo aparte, hasta las cafeteras individuales que usan (ver foto), pasando por la costumbre del regateo, quemar incienso en las aceras, los cosméticos para blanquear la piel ó la forma de construir edificios.
Sobre las infraestructuras es mejor que juzguéis vosotros mismos. Para muestra 2 botones. La avenida de Nguyen Hue que está cerca de donde vivo
y una vista desde la planta 13 de un edificio de viviendas situado algo más al norte.

Las casas son estrechas, de poca altura, sin ascensor y con una ó dos habitaciones por planta. Los baños son también bastante curiosos.
Saigon no es el mejor lugar del mundo para pasear por la calle, y tampoco es la ciudad más accesible si llevas un cochecito de bebé ó tienes la mala fortuna de necesitar una silla de ruedas para desplazarte, pero es sin duda el mejor sitio para aprender a conducir una moto ó para ir de paquete, una experiencia bastante divertida sobre todo con el tráfico de esta ciudad.
Una de las cosas a tener en cuenta cuando se visita un país es la gastronomía. La comida por estos lares está muy rica a pesar de que no logro identificar la mitad de los ingredientes. Acostumbran a servir un montón de platos y cada cuál se sirve lo que le apetece. Ya pondré fotos de alguno de esos festines a los que nos hemos habituado en el poco tiempo que llevamos aquí. Aunque aún me falta mucho para saber comer bien con palillos, si seguimos a este ritmo lo tengo dominado en un pis pas.
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Escuchando: Tori Amos & NiN - Siren
Leyendo: Guia del Routard de Vietnam