Tras pasar 4 horas dentro de un autobús y recorrer poco más de 200km, por fin llegamos a Phan Thiet y un poco más lejos a la interminable playa de Mui Ne.
En el camino nos cruzamos con decenas de escolares en bici y/ó moto ataviadas con el típico traje ao dai de un color blanco impoluto.
La carretera que seguimos es paralela a la playa y deja a un lado los resorts turísticos y al otro los restaurantes y bares.

Esta zona de Vietnam es conocida por sus dunas así que allá vamos, donde incluso los más osados se atreven a deslizarse por ellas con un trineo improvisado.

En el trayecto en jeep hasta las dunas hacemos una visita a un pueblo pesquero con mucho encanto donde probablement dió clases el tío Ho (antes de dar su nombre a Saigon) y donde un tropel de niños nos regalan cosas que recogen del suelo, por lo visto aquí está mal visto pedir sin ofrecer nada a cambio.

Comida rica, buen marisco, ping pong como deporte nacional, estrellas fugaces que sólo vemos nosotros, drinking y quemazo con el tubo de escape de una moto que me recuerda el respeto que me dan esos bichos de 2 ruedas.
Por la mañana, demasiado temprano, me levanto y paseo por la playa.
El sonido del mar es algo que he echado de menos durante mucho tiempo, y ahora las olas que rompen contra la orilla ya no son las del océano atlántico sino las del pacífico, aunque apenas noto la diferencia.
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Escuchando: Marc Almond & Kelly Dayton - Almost diamonds
Leyendo: Michel Houellebecq - Plataforma

y una vista desde la planta 13 de un edificio de viviendas situado algo más al norte. 